miércoles, 8 de febrero de 2012

EL DESARROLLO PRODUCTIVO: ¿QUIÉN DEBE PLANTEAR LOS LINEAMIENTOS, EL ESTADO O LAS MULTINACIONALES?

El debate respecto de la minería. El caso de San Juan.






Conocido es el hecho de que siempre existe el dirigismo de Estado. Tal como nos ilustra Don Arturo Jauretche en sus polémicas reunidas bajo el título “Política y Economía”, el Estado nunca se ausenta de su dirigismo. Solo que, en ocasiones lo hace en defensa de la mayoría del pueblo argentino y en otras en beneficio del capital concentrado y de sus socios en el extranjero.


El debate sobre la minería, y de los recursos en general, es la discusión actual en la agenda mundial. Vale decir, de cómo los países de las periferias intentan defender la legítima soberanía de sus recursos ante el ultraje que sufren de parte de la corporatocracia de los países centrales. En este sentido tanto la posibilidad de que el Estado Nacional, encabezado por Cristina, lance a flote la discusión sobre una posible minera estatal como el hecho de que la vecina provincia de San Juan este llevando a cabo una empresa con los mismos fines, pone sobre el tapete la necesidad de que el Estado, tanto Nacional como Provincial, sea quien defina el desarrollo productivo a partir de sus recursos en defensa de las mayorías y no sean las multinacionales quienes se lleven la parte del león hacia otras latitudes.

La minería en números

El boom minero en la Argentina, en los últimos nueve años, pasó de representar el 0,2% del PBI al 1,2%. Según datos de la Secretaría de Estado de Minería, en 2010 hubo un récord de producción, de aproximadamente 27.000 millones de pesos. El valor exportado el año pasado fue de 13.800 millones, un crecimiento acumulado en los últimos años de más del 300%. Hoy, la actividad genera más de 500 mil puestos de trabajo directo e indirecto en todo el país. Los presupuestos para exploración minera se duplicaron en el último lustro y llegaron a 11.200 millones de dólares. Uno de los cuestionamientos que caben a este sector tiene que ver con quiénes son los que se quedan con la renta minera.

Es decir, cuántas de las divisas que se generan a partir de esta actividad extractiva quedan en el país para ser reinvertidas, ya sea en la generación de valor agregado o en infraestructura. El marco regulatorio argentino se basa en el Código de Minería y en la Ley de Inversiones Mineras. La Ley de Regalías (7.281) en el artículo 8° plantea: “- ALICUOTA - El importe de Regalías Mineras será del tres por ciento (3%) sobre el valor de Boca Mina del mineral extraído, transportado o acumulado y previo a cualquier proceso de transformación”. Es aquí donde se centra el debate actual.

Durante años este espectacular negocio viene siendo manejado por multinacionales yanquis o canadienses, entre otras, y declarando en boca de mina (¡!) lo que les place con poco o escaso control. De esta manera pagan solo el 3% de lo que declaran (¡!). Una vez extraídos los minerales del suelo argentino, son enviados a los países de origen de estas empresas, para generar puestos de trabajo (allá) y valor agregado que constituyen enormes remesas para estos países.

¿Qué sucedería si el proceso de industrialización de dichas materias primas se hiciera en la Argentina? ¿Cuántos puestos de trabajo más generaría? ¿Cómo incidiría esto en la balanza comercial? ¿Cuántos productos sustituiríamos de los que hoy importamos? ¿En cuanto se incrementarían los recursos del Estado Nacional y Provinciales?

El caso de San Juan

El hecho de rematar a precio vil los recursos provinciales ha sido una constante a partir de los años ’90. Producto del menemato y el delaruismo las provincias dejaron de recaudar (perdida de federalismo) lo que antes les correspondía y debieron echar mano a lo que hubiere para sanear las cuentas de los estados provinciales. El hecho fue bien aprovechado por el pillaje extranjero ya que las leyes antes mencionadas favorecían y permitían consumar el ultraje. Recordamos que a partir de la “Reforma del Estado” de los Dromi y compañía los recursos pasaron a ser propiedad de las indefensas provincias. La relación de desigualdad entre estas y empresas fogoneadas por el Estado norteamericano, por dar un ejemplo, no merece ser explicado. Se cae de maduro.

El gobierno encabezado por José Luis Gioja, en San Juan, pretende quedarse con parte de la renta que hoy se llevan las multinacionales a partir del proyecto de crear una empresa minera estatal. Desde ya aplaudimos la iniciativa y esperamos un efecto contagio en la región.

Actualmente algunas de las empresas que operan en San Juan, según la Dirección de Minería, son:
  • BARRICK EXPLORACIONES ARGENTINAS S.A. (Origen: Canadá)
  • DEPROMINSA –Desarrollo de Proyectos Minero S.A. / TENKE MINING CORP. (Origen: USA)
  • ARGENTINA MINING LIMITED (Origen: Australia)
  • INTREPID CORPORATION MINERALS / TROY RESOURCES NL (Origen: USA)
  • MIRASOL ARGENTINA S.R.L. (Origen: Australia)
  • GOLDEN ARROW RESOURCES CORPORATION (Origen: Canadá)
Para tener conciencia de la magnitud que representa para la vecina provincia la minería, basta con ver la composición de sus exportaciones. Según la misma fuente, los productos exportables en San Juan se integran principalmente por: Productos de base minería (70,2%), vitivinícola (17%), hortícolas (4,4%), olivícolas (1,6%), entre otras.  Queda claro que hoy en día la mayor renta de San Juan no está en manos de los sanjuaninos. De allí la importancia del proyecto que Gioja quiere llevar adelante en asociación del Estado con pequeños productores nacionales (cooperativas).

La Constitución del ‘49 y la soberanía estatal

La Constitución Nacional sancionada durante el gobierno de Juan Domingo Perón, en su artículo 40 expresaba: Los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los vegetales, son propiedad imprescriptibles e inalienables de la Nación, con la correspondiente participación en su producto que se convendrá con las provincias”.

Si queremos una patria libre, justa y soberana, debemos bregar por retomar el camino ya transitado. En momentos actuales donde la crisis rentístico financiera asota a los países centrales la Argentina y Latinoamérica en su conjunto se aprestan ha retomar donde habíamos dejado. El momento de avanzar sobre las cadenas que aún nos pesan, es ahora. La lucha por los derechos nacionales que quedo trunca a partir de 1976 empieza a retomarse y que mejor que verlos plasmados donde deben ir, en nuestra Constitución Nacional.


HERNÁN RAMÓN

martes, 24 de enero de 2012

Guatemala: el país bananero de la United Fruit

Guatemala es actualmente un fragmento de lo que otrora fuera cuna de la civilización maya y, después, la capital de las provincias unidas de Centroamérica. Ya para la llegada de los conquistadores los mayas habían desaparecido, quedando solo rastros de lo que había sido la evolución hacia una escritura perfecta, el calendario más preciso hasta la adopción del calendario gregoriano y una exquisita arquitectura y arte.
Luego del avasallamiento de los pueblos indígenas se estableció el Virreinato de Nueva España. Dentro de este existió la Capitanía General de Guatemala, que durante el reinado de los borbones gozará de cierta autonomía. En su dominio estarán las mayorías de los actuales Estados del sur de América Central y el Caribe. En esta capitanía se establecerá la tercera universidad americana, la Universidad de San Carlos de Guatemala, de donde saldrá la figura intelectual más notable centroamericana, José Cecilio del Valle, quién sometió a crítica la legislación de Indias.

Como sucede en todos los puntos de América Latina, el regreso de Fernando VII no deja más salida que la de la declaración de la independencia ante el temor de la reacción absolutista. De esta forma alcanza Guatemala su “independencia” formal de la corona española en 1821, no obstante las familias tradicionales tomaron el control de las principales haciendas, despojando a los antiguos dueños, formalizando el ingreso de este país a la División Internacional del Trabajo. Todo esto producto de la ausencia de un núcleo centralizador. De esta manera, la oligarquía terrateniente bananera se reservaba el privilegio, a costa del pueblo guatemalteco, de comerciar libremente con sus aliados, a la sazón las potencias coloniales, particularmente con los EE. UU.
Cabe destacar que del intelecto de Del Valle saldrá la idea de crear una confederación, las Provincias Unidas de Centroamérica. Esto quedará en manos del General Francisco de Morazán. Esta confederación se declarará independiente de México, España y de cualquier otra Nación, su capital será Guatemala. Pero los separatistas encontrarán en la diplomacia británica el apoyo necesario para romper la confederación, estallando lo que llegó a ser una república en cinco estados minúsculos.
 La United Fruit y su Estado bananero
“Hasta 1944 fuimos un Estado dentro de una compañía extranjera. Una banana republic con la libertad de Jonás en el vientre del monstruo” (1).

La United Fruit Company (UFCO) era una compañía estadounidense que se dedicaba a la producción y venta de banano. Esta compañía estaba presente en todos los países de Centro América (excepto Panamá) y algunos países del Caribe. Su sede más importante era Guatemala, era aquí donde controlaba completamente la producción ya que era el mayor tenedor de tierras. Poseía 563,000 acres de tierra. Dicha compañía, también apodada como El Pulpo, ya que sus tentáculos llegaban a todos los gobiernos de Centro América, controlaba el comercio de exportación en Centro América. 
Para 1904, de la mano de Manuel Estrada Cabrera poseía el ferrocarril, Puerto Barrios, y las líneas telegráficas a la compañía. Según el contrato firmado con la dirigencia cipaya de entonces, los guatemaltecos no le podían comprar el ferrocarril a la empresa por 99 años, es decir, hasta el año 2003 (¡!). 

Además la compañía frutera, que poco más de cincuenta años después pasaría a ser propiedad nada más y nada menos que de J. W. Bush padre, controlaba el monopolio sobre las vías de transporte del Atlántico al Pacifico y la Empresa Eléctrica de Guatemala S.A. “Como culminación (de los monopolios de la United Fruit Co.), al llegar al puerto de la
Frutera, en un barco de la Frutera, el guatemalteco toma el ferrocarril de la
Frutera. En consecuencia, no hay modo de escapar a la ubicua compañía
Frutera” (2).

Los monopolios de la UFCO junto con el porcentaje de tierras que poseían y las influencias políticas sobre los gobiernos cipayos,  crearon en Guatemala un sistema esclavista sobre el campesinado, por un lado, y la condena de Guatemala a ser un país agro exportador primario, por el otro.  Para tener una idea más clara: El Pulpo controlaba el 93% de banano.

Queda claro que el dominio de la United Fruit Company no se limitaba al control de las tierras, sino que se expandía a las actividades económicas más importantes de
Guatemala. Es decir, que de los guatemaltecos había poco en ese entonces.

Entre 1900/44 Guatemala fue, tan solo, una mera colonia yanqui controlada por la United Fruit Company. Los guatemaltecos vivían en un país donde la soberanía estaba en manos de las empresas extranjeras. Estas clases sociales que controlaban la tierra de la “eterna primavera” (por su clima tropical) estaban manteniendo tranquila a una fuerza que estaba por despertar. Este sistema, donde unas cuantas familias acomodadas en connivencia con las empresas extranjeras usufructuaban las riquezas del país, no fue estable a largo plazo. Después de 1944, el pueblo guatemalteco cambia la historia de su país y reclama lo que les pertenece y le ha sido negado durante años. Así, a mediados del siglo XX los hijos de Bolívar comienzan a transitar sobre un puñado de tierra de la Nación Latinoamericana de manera libre y soberana. Lo mismo ocurría, al mismo tiempo, en otras partes de la Patria Grande: Argentina, Brasil, Colombia, Chile, etc.

Jacobo Arbenz y la insubordinación de América Latina

Hacia 1930 gobernaba el general Jorge Ubico, un representante de los intereses antinacionales, un general símil de Agustín P. Justo en la Argentina. Era sin duda, una década infame, como diría José Luis Torres, no solo para nuestro país.
En octubre de 1944 tras derrocar del poder a los sectores oligárquicos, una junta militar (en la que participaba Arbenz) dio vuelta la página de la historia y comienza la era de oro para los guatemaltecos.
Como prioridad se sanciono una nueva Constitución, la misma derogaba la antigua “Carta Magna” oligárquica impuesta por los sectores reaccionarios a la vez que minoritarios. Se la considera, aún hoy, una de las constituciones más avanzadas y democráticas que ha tenido Guatemala. Su letra rezaba: La autonomía de la Universidad de San Carlos de Guatemala, el fin del trabajo forzoso y de la prisión por deuda, el reconocimiento de la mujer como ciudadana, la otorgación del derecho de voto a la mujer (en ese entonces, la mujer analfabeta no podía votar), entre otras.
Es evidente el neto carácter democrático de dicha Constitución, al incluir plenos derechos civiles y políticos a la mitad de la población (mujeres), hasta entonces marginadas.
El triunvirato militar decidió convocar a elecciones para elegir Presidente de la República. Las elecciones se llevaron a cabo en diciembre de 1944, ganando Juan José Arévalo. Un catedrático que suprimió las leyes de vagancia (3), implemento el salario mínimo, restringió las horas de trabajo, además de una intensa asistencia social hacia los sectores más vulnerables. 
La obra fue continuada y profundizada por el general Jacobo Arbenz. La mayor meta de su gobierno era la reforma agraria (Decreto 900). Con ella se pretendía evitar que hubiera una relación de latifundio-minifundio. La mayoría de la población apoyaba la idea, menos los grandes terratenientes y los empresarios, sobre todo la United Fruit Company y la Iglesia Católica.
Todo esto se lograría al expropiar tierras ociosas de grandes latifundistas para poder darlas en usufructo a quienes no las tuvieran. La reforma pretendía permitir a los campesinos tener tierras y echar de Guatemala a la United Fruit.
La Constitución del ’49, insufló un aire revolucionario en la enorme masa de desposeídos latinoamericanos. El peruano Manuel Seoane, líder histórico del Aprismo, calificó, entonces, a la Constitución del ´49 como un “Nuevo Ayacucho”. Las fuerzas populares brasileñas recibieron el aliento necesario para luchar por el retorno de Getulio Vargas al poder quien había sido derrocado, luego del octubre peronista, para impedir la alianza argentino brasileña. En Chile, las fuerzas que apoyaban al general Ibáñez, adquirieron el ánimo político necesario para organizarse y ganar luego las elecciones. Las masas mineras bolivianas comenzaron a soñar con la nacionalización de las minas de estaño y se volcaron, decididamente, a la acción política revolucionaria, apoyando al MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario), cuyos lideres – exilados en Argentina – recibieron, al igual que los lideres apristas peruanos, todo tipo de ayuda, por parte del gobierno peronista argentino, a fin de que pudiesen llegar al poder. (…) Muchos jóvenes latinoamericanos – entre ellos uno, llamado Fidel Castro – impactados tanto por la Insubordinación Fundante que protagonizara la Argentina, como por su consagración de grado jurídico supremo en la Constitución del ’49, toman contacto con el gobierno argentino y reciben de éste, todo tipo de ayuda. En Guatemala, el ejército, conducido por Jacobo Arbenz, intenta seguir el ejemplo de la insubordinación peronista” (4).
El derrocamiento de este patriota no tardaría en llegar. Varios de los miembros del gobierno norteamericano y de la CIA que decidieron que Arbenz era “comunista” (esta fue la escusa para invadir Guatemala) estaban ligados económicamente en forma directa a la United Fruit Company, lo que en cualquier litigio se llama conflicto de intereses grave.
Poco tiempo antes de que derrocaran a Perón en la Argentina, la CIA se resolvió por la invasión.  El presidente estadounidense D. Eisenhower, citando la posibilidad del comunismo, sostenía la necesidad de evitar, de cualquier manera, el atropello hacia las empresas norteamericanas en América Latina. El gobierno de Guatemala había confiscado los libros de contabilidad de la United Fruit. Arbenz pretendía pagar, como indemnización, el valor que la propia empresa había atribuido a sus tierras. John Foster Dulles, Secretario de Estado, exigía por su parte (o mejor dicho, para su parte) veinticinco veces más. 
Lo cierto, es que Jacobo Arbenz no se inspiraba en Lenin sino en Abraham Lincoln para su reforma. El decreto 900, por el cual se implementaba la Reforma Agraria, de corte nacionalista era más moderada que las leyes rurales norteamericanas de hace casi un siglo.
Con el apoyo de los Estados Unidos, el Teniente Coronel guatemalteco Carlos Castillo Armas organizó la contrarrevolución. Invadió su propio país con tropas pertrechadas por Estados Unidos. La invasión fue respaldada por cuatro aviones norteamericanos. De esta manera EE. UU. garantizaba buenos negocios para sus compañías, claro que, en defensa de la “democracia” y los “derechos humanos” que la serpiente comunista violaba.
“Ellos usaron el pretexto del anticomunismo... La verdad es muy diferente. La verdad se encuentra en los intereses comerciales de la United Fruit Company y otros monopolios que han invertido dinero en Latinoamérica y temen que el ejemplo de Guatemala podría ser seguido por otros países latinoamericanos ... Yo fui elegido por la mayoría de la población de Guatemala, pero he tenido que lidiar con condiciones difíciles. La verdad es que la soberanía de un pueblo no puede ser defendida sin los materiales económicos necesarios....” (5).

Guatemala y la CELAC

Los años siguientes en Guatemala, trascurrieron entre la inestabilidad política, la represión y la guerrilla (años 1960/70) y la adhesión al Consenso de Washington (1980/90). 

Por citar solo un hecho trascendental y atroz al mismo tiempo, entre 1978 y 1986 Guatemala fue presa de una de las dictaduras cívico-militares más genocidas y extranjerizantes del hemisferio. Por su parte EE. UU. cuenta en su haber, ser el promotor de dicho disciplinamiento para poder saquear su patio trasero haciendo uso del lema “vigilar y castigar”.    

El actual presidente Álvaro Colom habiendo dejado hace días su mandato, deja saldos positivos en materia social y ha incluido a su país como miembro de la CELAC. A pesar de las cuentas pendientes, el pueblo guatemalteco comienza nuevamente a transitar por la senda bolivariana y ha reencontrarse con la memoria de los grandes hombres y mujeres de su patria. Recordar a Arbenz les facilitará el camino para echar los reciclados de la corporatocracia yanqui, que actualmente operan en Guatemala.

Advertencia: USAID ha trabajado en Guatemala por más de 40 años, desde su fundación en 1961. Guatemala es el país más grande de Centro América en términos de economía y población y juega un papel esencial en el comercio y la integración regional”, sostiene dicho organismo en su pagina Web http://www.usaid.gov. Será tarea de el presidente electo Otto Pérez Molina, del Partido Patriota, velar por la soberanía de su país y la integración con los demás países de la América hispana. 
   
NOTAS
(1) Con estas líneas describía con indignación la fina pluma de Luís Cardoza y Aragón, poeta guatemalteco, la soberbia del gerente de la compañía norteamericana que manejaba el comercio de su país. 
(2) Luís Cardoza y Aragón, “La Revolución Guatemalteca”, 1955.
(3) Símil a las leyes aplicadas a los gauchos argentinos en el siglo IXX.
(4) Marcelo Gullo, “La Constitución del 49 y su impacto político en América Latina”.

(5) Jacobo Arbenz, en un discurso con posterioridad a ser depuesto como líder de Guatemala, 1954.

HERNÁN RAMÓN

martes, 3 de enero de 2012

Urgencias climáticas

Por Ignacio Ramonet

La grave crisis financiera y el horror económico que padecen las sociedades europeas están haciendo olvidar que -como lo recordó, en diciembre pasado, la Cumbre del clima de Durban, en Sudáfrica- el cambio climático y la destrucción de la biodiversidad siguen siendo los principales peligros que amenazan a la humanidad. Si no modificamos rápidamente el modelo de producción dominante, impuesto por la globalización económica, alcanzaremos el punto de no retorno a partir del cual la vida humana en el planeta dejará poco a poco de ser soportable.
Hace unas semanas, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) anunció el nacimiento del ser humano número siete mil millones, una niña filipina llamada Dánica. En poco más de cincuenta años, el número de habitantes de la Tierra se ha multiplicado por 3,5. Y la mayoría de ellos vive ahora en ciudades. Por primera vez los campesinos son menos numerosos que los urbanos. Entre tanto, los recursos del planeta no aumentan. Y surge una nueva preocupación geopolítica: ¿qué pasará cuando se agrave la penuria de algunos recursos naturales? Estamos descubriendo con estupefacción que nuestro “ancho mundo” es finito…
En el curso de la última década, gracias al crecimiento experimentado por varios países emergentes, el número de personas salidas de la pobreza e incorporadas al consumo sobrepasa los ciento cincuenta millones(1) ¿Cómo no alegrarse de ello? No hay causa más justa en el mundo que el combate contra la pobreza. Pero esto conlleva una gran responsabilidad para todos. Porque esa perspectiva no es compatible con el modelo consumista dominante.
Es obvio que nuestro planeta no dispone de recursos naturales ni energéticos suficientes para que toda la población mundial los use sin freno. Para que siete mil millones de personas consuman tanto como un europeo medio se necesitarían los recursos de dos planetas Tierra. Y para que consumieran como un estadounidense medio, los de tres planetas.
Desde el principio del siglo XX, por ejemplo, la población mundial se ha multiplicado por cuatro. En ese mismo lapso de tiempo, el consumo de carbón lo ha hecho por seis… El de cobre por veinticinco… De 1950 hasta hoy, el consumo de metales en general se ha multiplicado por siete… El de plásticos por dieciocho… El de aluminio por veinte… La ONU lleva tiempo avisándonos de que estamos gastando “más del 30% de la capacidad de reposición” de la biosfera terrestre. Moraleja: debemos ir pensando en adoptar y generalizar estilos de vida mucho más frugales y menos derrochadores.
Este consejo parece de sentido común pero es evidente que no se aplica a los mil millones de hambrientos crónicos en el mundo, ni a las tres mil millones de personas que viven en la pobreza. La bomba de la miseria amenaza a la humanidad. La enorme brecha que separa a los ricos de los pobres sigue siendo, a pesar de los progresos recientes, una de las características principales del mundo actual (2).
Esto no es una afirmación abstracta. Tiene traducciones muy concretas. Por ejemplo, en el tiempo de lectura de este artículo (diez minutos), 10 mujeres en el mundo van a fallecer durante el parto; y 210 niños de menos de cinco años van a morir de dolencias fácilmente curables (de ellos, 100 por haber bebido agua de mala calidad). Estas personas no fallecen por enfermedad. Mueren por ser pobres. La pobreza las mata. Mientras tanto, la ayuda de los Estados ricos a los países en desarrollo ha disminuido, en los últimos quince años, un 25%… Y en el mundo se siguen gastando unos 500.000 millones de euros al año en armamento…
Si en las próximas décadas tuviésemos que aumentar en un 70% la producción de alimentos para responder a la legítima demanda de una población más numerosa, el impacto ecológico sería demoledor. Además, ese crecimiento ni siquiera sería sostenible porque supondría mayor degradación de los suelos, mayor desertificación, mayor escasez de agua dulce, mayor destrucción de la biodiversidad… Sin hablar de la producción de gases de efecto invernadero y sus graves consecuencias para el cambio climático.
A este respecto, conviene recordar que unos 1.500 millones de seres humanos siguen usando energía fósil contaminante procedente de la combustión de leña, carbón, gas o petróleo, principalmente en África, China y la India. Apenas el 13% de la energía producida en el mundo es renovable y limpia (hidráulica, eólica, solar, etc.). El resto es de origen nuclear y sobre todo fósil, la más nefasta para el medio ambiente.
En este contexto, preocupa que los grandes países emergentes adopten métodos de desarrollo depredadores, industrialistas y extractivistas, imitando lo peor que hicieron y siguen haciendo los actuales Estados desarrollados. Todo lo cual está produciendo una gravísima erosión de la biodiversidad.
¿Qué es la biodiversidad? La totalidad de todas las variedades de todo lo viviente. Estamos constatando una extinción masiva de especies vegetales y animales. Una de las más brutales y rápidas que la Tierra haya conocido. Cada año, desaparecen entre 17.000 y 100.000 especies vivas. Un estudio reciente ha revelado que el 30% de las especies marinas está a punto de extinguirse a causa de la sobrepesca y del cambio climático. Asimismo, una de cada ocho especies de plantas se halla amenazada. Una quinta parte de todas las especies vivas podría desaparecer de aquí a 2050.
Cuando se extingue una especie se modifica la cadena de lo viviente y se cambia el curso de la historia natural. Lo cual constituye un atentado contra la libertad de la naturaleza. Defender la biodiversidad es, por consiguiente, defender la solidaridad objetiva entre todos los seres vivos.
El ser humano y su modelo depredador de producción son las principales causas de esta destrucción de la biodiversidad. En las últimas tres décadas, los excesos de la globalización neoliberal han acelerado el fenómeno.
La globalización ha favorecido el surgimiento de un mundo dominado por el horror económico, en el que los mercados financieros y las grandes corporaciones privadas han restablecido la ley de la jungla, la ley del más fuerte. Un mundo en el que la búsqueda de beneficios lo justifica todo. Cualquiera que sea el coste para los seres humanos o para el medio ambiente. A este respecto, la globalización favorece el saqueo del planeta. Muchas grandes empresas toman por asalto la naturaleza con medios de destrucción desmesurados. Y obtienen enormes ganancias contaminando, de modo totalmente irresponsable, el agua, el aire, los bosques, los ríos, el subsuelo, los océanos… Que son bienes comunes de la humanidad.
¿Cómo ponerle freno a este saqueo de la Tierra? Las soluciones existen. He aquí cuatro decisiones urgentes que se podrían tomar:
- cambiar de modelo inspirándose en la “economía solidaria”. Ésta crea cohesión social porque los beneficios no van sólo a unos cuantos sino a todos. Es una economía que produce riqueza sin destruir el planeta, sin explotar a los trabajadores, sin discriminar a las mujeres, sin ignorar las leyes sociales;
- ponerle freno a la globalización mediante un retorno a la reglamentación que corrija la concepción perversa y nociva del libre comercio. Hay que atreverse a restablecer una dosis de proteccionismo selectivo (ecológico y social) para avanzar hacia la desglobalización;
- frenar el delirio de la especulación financiera que está imponiendo sacrificios inaceptables a sociedades enteras, como lo vemos hoy en Europa donde los mercados han tomado el poder. Es más urgente que nunca imponer una tasa sobre las transacciones financieras para acabar con los excesos de la especulación bursátil;
- si queremos salvar el planeta, evitar el cambio climático y defender a la humanidad, es urgente salir de la lógica del crecimiento permanente que es inviable, y adoptar por fin la vía de un decrecimiento razonable.
Con estas simples cuatro medidas, una luz de esperanza aparecería por fin en el horizonte, y las sociedades empezarían a recobrar confianza en el progreso. Pero ¿quién tendrá la voluntad política de imponerlas?
NOTAS:
(1) Sólo en América Latina, como consecuencia de las políticas de inclusión social implementadas por gobiernos progresistas en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, Venezuela y Uruguay, cerca de ochenta millones de personas salieron de la pobreza.
(2) En el mundo, unos 100 millones de niños (sobre todo niñas) no están escolarizados; 650 millones de personas no disponen de agua potable; 850 millones son analfabetas; más de 2 000 millones no disponen de alcantarillas, ni de retretes…; unos 3 000 millones viven (o sea se alimentan, se alojan, se visten, se transportan, se cuidan, etc.) con menos de dos euros diarios.

martes, 27 de diciembre de 2011

NICARAGUA Y “EL FUTURO INVASOR”

La zona del Caribe nunca logro ser controlada totalmente por España mientras estas fueron colonias, a diferencia del resto de la América criolla, por lo que fue presa de una barbarie aun peor producto de fuerzas centrifugas internas y una asechanza continua de potencias coloniales como Gran Bretaña y EE. UU.

Tanto las oligarquías portuarias como la intromisión imperialista han usufructuado las riquezas de las viejas “Provincias Unidas de Centro América” a tal punto, que aún hoy estás “provincias” devenidas en repúblicas siguen sin poder controlar soberanamente sus recursos.

De los filibusteros a los marines

Todo el siglo XIX en Nicaragua fue una sucesión de rivalidades y conflictos entre liberales y conservadores. Los liberales tenían su asiento en la culta ciudad de León (sede de la Universidad), mientras los conservadores hacían de Granada su feudo económico y comercial.


A mediados de siglo se descubrió oro en California y miles de aventureros se lanzaron a su búsqueda en lo que se ha dado en llamar "fiebre del oro". La afluencia de viajeros por el continente en busca de riquezas, originó la fundación de la llamada Compañía del Transito, propiedad del infame Cornelius Vanderbilt, un pirata que financiaba aventureros que saqueaban las riquezas de distintos países y que contaba con ejércitos mercenarios capases de someter a ciudades enteras para luego despojarlas de sus riquezas.


Las rivalidades entre conservadores y liberales y las apetencias de Vanderbilt, junto con la ambición de unos aventureros sin escrúpulos propiciaron la invasión filibustera de Nicaragua. En 1855 un aventurero llamado William Walker fue llamado por  los liberales de León para participar en su guerra contra los conservadores (los sectores reaccionarios como esta oligarquía culta llamaban a un libertador yanqui, luego de haber enfrentado a patriotas criollos como Morazán, Bolívar y el General Barrios que lucharon por la unión nacional, facilitando la expoliación extranjera a sus socios del norte). Walker llegó a Nicaragua con 56 mercenarios (conocidos como "filibusteros") y al poco tiempo se había apoderado del país haciéndose nombrar presidente, “este delincuente de género extraordinario tenía arrestos de matamoros, sabiéndose respaldado por la Casa Blanca (1). En el transcurso de la guerra Granada fue arrasada, se instituyó la esclavitud (con la idea de incorporar Nicaragua a los Estados Unidos como un estado esclavista más) y se declaró el inglés como idioma oficial de Nicaragua.


Los hermanos América Central reaccionaron al llamado de la Patria Grande y en 1857 Walker fue derrotado. Una nueva expedición de Walker en 1860 fracasó y poco tiempo después fue ajusticiado por el gobierno hondureño. “Vencido, llegó en compañía de sus acólitos a Nueva Orleáns, donde fueron recibidos como héroes nacionales. En realidad, lo eran. Intentó luego por tres veces invadir Centroamérica. A la tercera, fue capturado por una fragata inglesa, entregado a las autoridades hondureñas, juzgado y fusilado en 1860. ¡Rara victoria de la justicia! Siempre aparece en el horizonte de todo conflicto, por lo demás, una oportuna fragata del Imperio. Sobre todo si se trataba, como en este caso, de moderar el excesivo apetito de Estados Unidos” (2).   

Zelaya y la segunda invasión

Los ingleses instituyeron un auténtico protectorado en la costa del Pacífico e incluso se llegó a proclamar, por su interpósita un “rey Miskito” (los miskitos eran una tribu originaria cipaya que comerciaba desde los tiempos de la colonia con los ingleses, estos nativos oponían sus intereses comerciales incluso a costa de su propio territorio).


El presidente José Santos Zelaya, llegó al poder en 1893 y recuperó la costa del Pacífico para el país y depuso al llamado "rey Miskito". Sin embargo, pronto chocó con los intereses norteamericanos que organizaron en 1909 una trama para derrocarlo del país. Para desgracia de Zelaya y de los nicaragüenses, su país era escenario de la disputa por las riquezas de América por parte de las principales potencias de la época.


Los marines norteamericanos invadieron el país y en los años siguientes la política nicaragüense fue dirigida completamente por el “gran hermano del Norte”. Los marines permanecieron en Nicaragua hasta 1925, pero regresarían en 1927. 


Sandino y la lucha por la liberación


Para tener conciencia de cómo la jactancia del imperialismo norteamericano no ha encontrado límites en Latinoamérica vale mencionar un hecho concreto, para muestra sobra un botón: En 1783 Estados Unidos poseía 2.308.845 kilómetros cuadrados. En 1945, por compra, conquista u otros medios, había llegado a 12.106.783 kilómetros cuadrados.


Pero la intromisión en forma directa (marines) no siempre se dio de manera “ilegal”. En 1911 Nicaragua se encontraba tan endeudada con la banca norteamericana que destinaba todas sus rentas estaduales al pago de la deuda externa. En diciembre del mismo año, Washington instaló como presidente de Nicaragua a un ex empleado de La Luz and Los Ángeles Mining Company, llamado Adolfo Díaz. Una vez en el poder, Díaz suscribió un Tratado con Estados Unidos en el que permitía la intervención de los marines en Nicaragua. Lo cual se hizo efectivo un año más tarde. La ocupación militar duró de forma permanente hasta 1933, garantizando buenos negocios a los banqueros de Walt Street. 


Sandino era un obrero que había estado trabajando en las plantaciones de banano y caña de azúcar de Honduras y Guatemala y en las empresas petrolíferas de México. Con algunos ahorros producto de su trabajo volvió a Nicaragua y compró armas para intervenir en el conflicto interno entre liberales y conservadores. Sandino no aceptó nunca el Tratado firmado por Díaz y mantuvo una lucha sin cuartel para liberar Nicaragua de los marines norteamericanos. Su “pequeño ejército loco” mantuvo en jaque durante varios años a las tropas yanquis y finalmente fue necesario que éstas se retiraran y dejaran en su lugar a un cuerpo recién formado: la Guardia Nacional (una especie de ejército cipayo defensor de los intereses anti-nacionales).


Anastasio Somoza García, jefe de la Guardia Nacional urdió en 1934 un complot para asesinar a Sandino y hacerse con el poder. En 1936 derrocó al presidente Sacasa y se proclamó presidente tras unas elecciones llenas de irregularidades celebradas en 1937. A partir de este año, Somoza dirigió el país con mano de hierro, reformó la constitución y se alió con los Estados Unidos, país que apoyó su régimen dictatorial.

Acumuló tierras y riquezas y se hizo dueño de algunas de las empresas más productivas del país. Este militar no renegaba de sus posesiones, cuando fue preguntado acerca de la cantidad de fincas que poseía no dudo en decir: “que yo sepa sólo tengo una finca y se llama Nicaragua”. Con esta misma soberbia oligárquica los Somoza gobernaron Nicaragua hasta 1979.


Daniel Ortega y el FSLN


En 1962 Carlos Fonseca, Tomás Borge y Silvio Mayorga fundaron el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), una organización armada que pretendía acabar con la dictadura de la familia Somoza. Fue en junio de 1979, Fonseca ya había muerto en manos de la Guardia Nacional, que los sandinistas celebraron el triunfo de su revolución.


Se formó una junta de 5 miembros para administrar el país y Daniel Ortega, un comandante sandinista, fue nombrado coordinador. Se anuló la constitución somocista y se inició la obra de reconstrucción del país. Se llevó a cabo una intensa campaña de alfabetización, se nacionalizaron las tierras y propiedades de la familia Somoza y de sus más importantes colaboradores. Se dieron los primeros pasos para mejorar la atención sanitaria y para llevar a cabo una reforma agraria. El proyecto sandinista no pasaba por el reparto indiscriminado de tierras a los campesinos, sino por el agrupamiento de éstos en cooperativas de trabajadores. Por otra parte, muchos nicaragüenses afines a Somoza emigraron  a Miami donde constituyeron, junto con los cubanos exiliados, un poderoso grupo de influencia en la política norteamericana.


Una parte importante de la Guardia Nacional se refugió en Honduras y Costa Rica y, ayudada y financiada por Estados Unidos, inició una guerra contra el gobierno sandinista. En el curso de esta guerra las atrocidades fueron enormes y los recursos dedicados a la misma cada vez eran mayores. Las cooperativas de campesinos fueron el blanco preferido de los contrarrevolucionarios.  


La guerra dificultaba las comunicaciones, consumía recursos ingentes y ocasionaba una gran escasez en el país. El gobierno de Estados Unidos fue condenado por el Tribunal Internacional de la Haya y requerido, sin éxito, para que cesase en su guerra de agresión contra Nicaragua. En 1984 los sandinistas vencieron en unas elecciones supervisadas atentamente por observadores internacionales y Daniel Ortega fue elegido presidente. 


La guerra de agresión continuó y en 1985 los Estados Unidos decretaron un embargo comercial contra Nicaragua. Estalló el escándalo Irán-Contra cuando se descubrió que la CIA vendía armas a Irán (contraviniendo el bloqueo decretado por las Naciones Unidas) y con el dinero obtenido apoyaba a la "contra" nicaragüense. También se descubrió el pago de armas con cocaína  y el desvío de armamento supuestamente destinado a otros países hacia la "contra" nicaragüense.


Para financiar la guerra, el gobierno sandinista recurrió a la devaluación de la moneda, el pobre país se veía sometido a una guerra desigual y dedicaba a veces hasta la mitad de su presupuesto a la guerra. La perfidia yanqui impedía así, que muchos nicaragüenses pudieran comer todos los días.


La intervención de otros países, en el marco de unos acuerdos de paz globales para la región (en aquella época había conflictos armados en Guatemala y El Salvador) se tradujo en la celebración de nuevas elecciones en 1990 que, contra todo pronóstico, fueron ganadas por una coalición derechista, la UNO (Unión Nacional Opositora).


Se puso en marcha un duro plan de ajuste económico que logró, mediante un cambio en la moneda, contener la inflación galopante, a costa de hundir en la miseria a amplias capas de la población. De esta manera, Nicaragua se sumaba a los países de la región en sintonía con el Consenso de Washington.


De Rubén Darío a Daniel Ortega


Tras haber ganado las elecciones en 2006 y 2011, Daniel Ortega a puesto a Nicaragua en su senda histórica y hoy forma parte de la ola americanista que recorre el continente. La CELAC es el ámbito natural para que los países miembros encontren el destino común que nos libre definitivamente “del futuro invasor”, que se encuentra como siempre sediento de recursos que forman parte y pertenecen soberanamente a la Nación Latinoamericana.

¡Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman,
que habría que llegar hasta ti, Cazador!
Primitivo y moderno, sencillo y complicado,
con un algo de Washington y cuatro de Nemrod.
Eres los Estados Unidos,
eres el futuro invasor
de la América ingenua que tiene sangre indígena,
que aún reza a Jesucristo y aún habla en español.

Eres soberbio y fuerte ejemplar de tu raza;
eres culto, eres hábil; te opones a Tolstoy.
Y domando caballos, o asesinando tigres,
eres un Alejandro-Nabucodonosor.
(Eres un profesor de energía,
como dicen los locos de hoy.)
Crees que la vida es incendio,
que el progreso es erupción;
en donde pones la bala
el porvenir pones.
No.

Los Estados Unidos son potentes y grandes.
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor
que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Si clamáis, se oye como el rugir del león.
Ya Hugo a Grant le dijo: «Las estrellas son vuestras».
(Apenas brilla, alzándose, el argentino sol
y la estrella chilena se levanta...) Sois ricos.
Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón;
y alumbrando el camino de la fácil conquista,
la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.

Mas la América nuestra, que tenía poetas
desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl,
que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco,
que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió;
que consultó los astros, que conoció la Atlántida,
cuyo nombre nos llega resonando en Platón,
que desde los remotos momentos de su vida
vive de luz, de fuego, de perfume, de amor,
la América del gran Moctezuma, del Inca,
la América fragante de Cristóbal Colón,
la América católica, la América española,
la América en que dijo el noble Guatemoc:
«Yo no estoy en un lecho de rosas»; esa América
que tiembla de huracanes y que vive de Amor,
hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive.
Y sueña. Y ama, y vibra; y es la hija del Sol.
Tened cuidado. ¡Vive la América española!
Hay mil cachorros sueltos del León Español.
Se necesitaría, Roosevelt, ser Dios mismo,
el Riflero terrible y el fuerte Cazador,
para poder tenernos en vuestras férreas garras.

Y, pues contáis con todo, falta una cosa: ¡Dios! (3)


NOTAS:

(1) Jorge Abelardo Ramos “Historia de la Nación Latinoamericana
(2) Jorge Abelardo Ramos “Historia de la Nación Latinoamericana
(3) Rubén Darío “A Roosevelt” 

jueves, 22 de diciembre de 2011

De Panamá al Canal de Panamá

Esta es una nota de una serie de documentos y trabajos que estamos dispuestos a presentarle al lector con el correr de los días, sobre la importancia de la CELAC.
Pretendemos desde aquí, poner sobre el tapete aquellas tradiciones político-socio-históricas que nos unen con el resto del continente y resaltar la importancia de este organismo que excluye al principal opresor de estos pueblos libres, EE. UU. Y exponer una serie de notas referidas a cada país integrante del mismo.

“Somos un país porque fracasamos en integrar una Nación” decía Ramos, quizás la historia 200 años después nos de revancha.


200 años de intromisión norteamericana

Panamá formaba parte de Colombia cuando el ingeniero francés Fernando de Lesseps, que había dirigido la construcción del Canal de Suez, decidió abrir a través del istmo que une América del Sur y América Central, una vía para enlazar los océanos a ambos márgenes de esta tierra. Iniciadas las obras en 1881, el proyecto de este ambicioso francés se desmoronó. No obstante, despertó una ambición aún mayor en un representante de la política expansionista del imperialismo yanqui.


Theodoro Roosevelt, quien se jactaba con soberbia al decir su célebre frase: “Yo tome Panamá”. A comienzos del siglo XX exigió a Colombia la firma de un tratado que ponía lisa y llanamente al istmo en manos de un consorcio norteamericano. La rústica diplomacia yanqui era menos sutil que en la actualidad. Ante la negativa de los colombianos en 1903, Roosevelt envió tropas a Colombia y resolvió la independencia de Panamá. Al fracaso del ideal bolivariano en pos de la unión, le seguía el desmembramiento.

Quedó de esta manera un gobierno títere que firmo el primer Tratado del Canal. Establecía el control total del mismo por parte de la milicia norteamericana y permitía la subordinación total del reciente país a Washington. Lo particular del caso, es que el tratado lo firman John Milton Hay, secretario de Estado, y Phillippe-Jean Bunau-Varilla, un ingeniero francés. En esencia, Panamá (o una parte de territorio colombiano) se independizó de Colombia producto de la intervención de Estados Unidos, el cual se hizo cargo de controlar el Canal.

Durante casi un siglo, Panamá estuvo gobernada por la oligarquía local vinculada a Washington, el cual supo recompensar a estos gobiernos que cedían su soberanía territorial a costa del pueblo panameño. Las familias ricas que “gobernaban” el país no dudaron en prestar colaboración a la CIA para sus actividades “anti-comunistas” en el hemisferio, como así también a grandes multinacionales como la Standard Oil de John D. Rockefeller y la United Fruit Company (más tarde adquirida por George H. W. Bush). Estados Unidos brindó protección a las familias dirigentes panameñas, que veían amenazados sus negocios cada vez que el pueblo intentaba librarse del sometimiento, interviniendo militarmente (una docena de veces desde su independencia hasta 1968).
La CIA y el Coronel del Pueblo

Omar Torrijos Herrera, Ingresa a la Guardia Nacional en 1952 y en 1966 es promovido a Teniente Coronel, encargado de la Secretaria General de la Comandancia. En la década del ’50 fue custodia de Juan D. Perón durante su exilio en Panamá en el cual entablaron su amistad. El 11 de octubre de 1968, en asocio de varios compañeros de armas, encabeza el golpe militar que depuso al funesto presidente Arnulfo Arias, iniciando una era de Gobierno que dejó como saldo significativo, logros a favor de las clases populares, destacándose entre ellos, la firma de los Tratados Torrijos–Carter que le pusieron fecha de vencimiento a la presencia del ejército norteamericano en Panamá y que obligaba a cerrar la Escuela de las Américas.

La corporatocracia internacional no podía tolerar semejante humillación por parte de este Coronel, que evitaba el ingreso de compañías norteamericanas en su territorio y que además expulsaba a las tropas yanquis del Canal tomando el control del mismo. Por primera vez en su historia los panameños podrían administrar sus recursos soberanamente.

Finalmente, la CIA derriba el avión en el que este viajaba, haciendo creer a la opinión pública mundial que había sido un “accidente” aéreo, según confiesa el arrepentido ex CIA, John Perkins.

Lo sucede Manuel Noriega, también Coronel del ejército panameño, quien se aviene a continuar la obra de su antecesor. En 1989 el democrático presidente Bush padre, decide una nueva invasión a cargo de los marines. La excusa fue que Noriega era un dictador corrupto que violaba los derechos humanos. La misma excusa que usaron para invadir Libia y por la que pretenden ocupar Siria. Se estima que durante la invasión murieron 7000 panameños en defensa de su patria. El objetivo era, y es, controlar el Canal y privar de sus propios recursos a sus dueños legítimos y sentar bases en territorio americano para vigilar a los países “rebeldes”.

Actualmente, una comisión binacional (entre Panamá y EE. UU.) administra el Canal, que además permanece custodiado por bases militares yanquis.
Panamá, Bolívar y las Malvinas

El 3 de abril de 1982, un día después del desembarco que recuperó nuestras islas, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas solo hubo un voto a favor de la Argentina. Fue la República de Panamá, por la boca de su canciller el Dr. Jorge Illueca. En esa misma tierra en 1826, el Libertador Simón Bolívar había convocado a los Estados emancipados del Imperio español a reunirse en una gran Federación. Los ecos de aquel patriota americano llegaban a través de la historia.

“La zona del Canal (…) debe considerarse parte irredenta del Estado Nacional Latinoamericano, (…) es un legado de las generaciones de la Independencia (…) El conflicto, por lo tanto, no enfrenta al pequeño país panameño con el gigante norteamericano, sino a América Latina contra el imperialismo y  se resuelve por la lucha conjunta con miras a latinoamericanizar la Zona del Canal” (J. A. Ramos). Lo mismo podemos decir de las Islas Malvinas.

La CELAC recupera dicha tradición dejando fuera a Estados Unidos y profundizando lazos de unión entre los países hermanos. Bregamos por ver marchánadose a los marines como en la presidencia de Torrijos, a la sazón amigo de Perón, para evitar futuras intromisiones en el suelo patrio.


Hernán Ramón